Altamente Sensible y tener invitados en casa

Foto: Josh van Dyke

En Europa, pero también en otras partes del mundo, es la época de las vacaciones. Con suerte vamos a algún sitio bonito para descansar y podemos cargar las pilas. Una de las posibilidades es que vamos a visitar algún familiar o amig@ para pasar unos días, pero de la misma manera puede pasar que nos encontramos en el lado recipiente de estas visitas y nos toca el papel de antiftrión/a.

De hecho, este papel les ha tocado a varios de mis clientes, le tocó a una muy buena amiga, y también me tocó a mí. Empecé a darme cuenta de la importancia de este “tema” cuando recibí un correo de una clienta pidiéndome consejos porque se vio realmente desbordada con una situación que no podía controlar: la visita de unos familiares de su marido –adolescentes inclusive-, un piso pequeño y ni un solo momento para ella sola. La consecuencia: máxima irritabilidad, intolerancia, sobre-saturación, impotencia y por última un fuerte sentido de culpabilidad. 

Mientras me pintaba un poco su panorama, me veía a mi misma ya que yo también tenía gente en casa, y también había adolescentes. Soy PAS como vosotros, y no me considero ninguna santa: también tengo mis momentos. 

Poco después me llamó una amiga (PAS) quejándose de su pareja que había invitado a un amigo a pasar unos días, −“una semanita”−, quedándose luego una semana más porque “se lo estaba pasando tan bien”. Mi amiga no encontró el valor necesario para decirle a su pareja con la firmeza necesaria que a ella le había bastado “la semanita” inicial del amigo y que añoraba la tranquilidad. No era capaz de decírselo porque se sentía egoísta, como si le supiese mal que su pareja tenía un amigo de visita. ¡Claro que se alegraba por su pareja!, pero no obstante se sentía muy agobiada. Y culpable. 

¿Qué nos pasa a l@s PAS? ¿Somos anti-sociales, intolerantes y antipáticos? No. No lo somos. (Evidentemente puede haber excepciones). A la gran mayoría nos gusta recibir gente en casa y compartir. Lo que pasa es que solemos tener un problema con nuestros límites personales o interiores. 

Como bien sabemos, los PAS nos saturamos relativamente rápido. Nuestros sentidos lo absorben todo y necesitamos más tiempo que la persona No-PAS (la gran mayoría) para asimilar y encauzar toda la información recibida. Necesitamos tiempo a solas, o por lo menos tiempo y tranquilidad para nosotros mismos. Con invitados en casa esto no siempre es posible. 

Si a esto añadimos características PAS como la tendencia al perfeccionismo (orden en casa, ser el/la anfitrión@ perfect@, las comidas perfectas y generalmente complejas, ser amable y procurar que al invitado no le falte absolutamente de nada), nuestro deseo −hasta necesidad− de servir a la persona que tenemos delante y la tendencia que tenemos de ponernos en el último lugar, comprenderéis que pueden surgir problemas. La convivencia en si ya es difícil y requiere todo un aprendizaje, pero una convivencia con personas que vienen de vacaciones a tu casa mientras que tú (a lo mejor) trabajas y no puedes disponer de tiempo libre (para desconectar) iguala a estrés. Es el estrés que da fruto a la irritabilidad. Cuanto más estresado estés, más te irritas y más te agobias. Más te cuesta poner buena cara y disfrutar de la compañía de los invitados.


¿Qué puedes hacer para evitar ese malestar?

Para empezar es muy necesario establecer para ti mismo cuáles son tus necesidades absolutas −tus requerimientos− para estar bien y evitar el estrés, o sea, ¿cuáles son tus límites interiores? Puedes pensar en cosas como: dormir ocho horas, desayunar a solas, meditar media hora al día, cuidar tus plantas, ir al fitness, no tomar alcohol, etcétera. Son todas las cosas que contribuyen a tu equilibrio interior. La vida te ha enseñado que, si no observas estas cosas, te pones nervioso y estresado. 

La dificultad es mantener estos requerimientos cuando hay visitas en casa. Conviene, pues, explicarles desde el principio a tus invitados que necesitas hacer A,B y/o C. Si lo haces al principio, lo podrás hacer con toda la amabilidad y sin poner mala cara. Si quieres algo −tiempo, espacio− pídelo. No vale reprochar a tus invitados algo que no has aclarado desde el principio. «¿No ven que necesito tiempo para meditar?» te colocas en el papel de víctima y crea mal ambiente. ¿Por qué? Porqué de hecho no lo ven si tu no se lo dices. Tan simple. Nadie puede saber con certeza que pasa en la cabeza de otra persona.


Mantener tus límites

Mantener tus límites de una manera pro-activa implica que expreses con claridad y exactitud cuáles son tus necesidades: Cada mañana necesitas media hora de tranquilidad en casa para meditar, de 7 hasta las 7.30. Necesitas que te ayuden poner y recoger la mesa; tres veces al día. Necesitas que te saquen el perro a mediodía, necesitas que respeten tu hora de acostarte entre semana, que es a las 11. Etcétera. Mucho mejor de presentar tus invitados con este tipo de mensaje al principio de su estancia, qué más adelante, cuando ya estarás mal y te costará decirlo con amabilidad. No olvides de preguntar a la visita si está dispuesta a respetar tus deseos, o si, a lo mejor, hay algo que les impida de honrarlos. Si, por ejemplo, algún día por el motivo que sea, no tienen la oportunidad de sacar el perro, lo sabrás y podrás buscar otra solución, sin la necesidad de ponerte de mal humor o de enfadarte. 

Es bonito tener invitados. Es enriquecedor en muchos sentidos. Sin embargo, para que disfrutes de la compañía temporal de la visita de tus familiares o de tus amigos y para que los invitados disfruten de tu hospitalidad, es imprescindible conocer, establecer y mantener tus límites. 

¡Os deseo muy buenas vacaciones!

Entrada original de Personas Altamente Sensibles

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