ANTONI BARCELÓ I PONT DE LA TERRA, CORSARIO Y MARINO DE GUERRA por Josep Maria Osma

“Si el Rey de España tuviera cuatro como Barceló, Gibraltar fuera de España, que de los ingleses, no”.

Antoni Barceló y Pont de la Terra nació a las 00:05 horas del día 1 de enero de 1717 en el actual número 12 de calle d´es Vi (del Vino), demarcada en el barrio, por excelencia, de gente de mar del Puig de Sant Pere, en Ciutat de Mallorca.

El natalicio de Barceló coincidió en la época de la Guerra de Sucesión a la Corona de España, una contienda bélica civil entre las dinastías austristas y borbónicas que finalizó, precisamente en Mallorca, el 12 de septiembre de 1715, cuando la capital balear se rendía ante las tropas desembarcadas del general Françoise Bidal d´Aspheld. Finalizaba una guerra que había durado casi tres lustros, desde la muerte del rey Carlos II, entre los partidarios, perdedores, del archiduque de Carlos de Austria, y la de la parte vencedora, la de Felipe de Borbón.

El 28 de noviembre de ese mismo año, el Consejo de Castilla promulgaba el Decreto de Nueva Planta, ley que abolía las instituciones del Reino de Mallorca como el Gran i General Consell, el derecho público mallorquín; el poder local pasaba a ser regido por el Capitán General y de la Real Audiencia; se impuso el idioma castellano al habla mallorquina y se cambio la denominación de la capital de la isla, a partir de ese momento dejaba de ser Ciutat de Mallorca y pasaba a ser Palma, el mismo nombre de la época de su fundación en el año 123 a.C. por el cónsul romano Caecilii Metelli.

Antoni Barceló recibió su aguas bautismales, según consta en el libro de registros de bautismos de la parroquia de Santa Creu, de Palma, al día siguiente de su nacimiento, además se le impusieron los nombres de José y Bartolomé, siendo sus padrinos Bartolomé Sard y Joana Planas; fueron sus padres Onofre Barceló, patrón del buque-correo de trayecto de Palma a Barcelona y viceversa, en unos tiempos que el Mare Nostrum no estaba exento de ataques de naves piratas y berberiscas; Onofre, que había adquirido, a igual que muchos mallorquines coetáneos, las patente de corso, se casó en segundas nupcias con la quinceañera Francisca Pont de la Terra, con la que tendría cinco descendientes: nuestro biografiado Antoni, Bartomeu, Josep, Francesc y Miquel; de su primera unión matrimonial, con Magdalena Capó, no tuvo vástagos.

Barceló, que con el transcurrir del tiempo sería conocido popularmente como Capità Antoni, en su infancia ya manifestó su interés y valía por la navegación y comercio. Pronto acompañó a su padre en las travesías desde la capital mallorquina hasta Barcelona, y seguramente en alguna ocasión tuvo la primera experiencia de entablar combate contra buques piratas argelinos. A los diez y ocho años de edad, por Real Orden emitida en Aranjuez el 17 de junio de 1735 se le concede el título de tercer piloto naval pudiendo suplir a su padre con un sueldo mensual, a cargo de la Real Tesorería de Mallorca, de 100 escudos de plata; además el Rey le concedió la patente de corso.

En el año 1354, en tiempos del rey Pedro IV el Ceremonioso de Aragón, usurpador del Reino de Mallorques, ya se hallan documentadas patentes de corso emitidas por el virrey en nombre del monarca. Quienes obtenían esa licencia, corrientemente comerciantes y patronales de mar, como el caso de nuestro biografiado, no podían atacar ni apresar a barcos propios del reino o aliados del mismo. Del botín obtenido recibía un diez por ciento, el resto pasaba a la Corona. Si inflingía alguna de las reglas del contrato, la sanción que se le imponía era según el delito cometido.

El 6 de noviembre de 1738, mediante un Real Despacho, el Rey le concede el empleo de alférez de fragata de la Real Armada a título honorífico, en premio por haber demostrado una gran maestría y valentía ante el ataque de de dos galeotes moriscos que atacaron al abordaje su navío que llevaba de pasaje a dos unidades militares, el regimiento de Dragones de Orán y uno de Infantería de África. Un año antes, ya lo vemos matrimoniado con Francesca Bonaventura Jaume, cuyos descendientes ocuparían, quizás por la influencia de su apellido, importantes cargos: Antoni, brigadier; Joan y Onofre, canónigos; Francesca y Antònia, monjas del convento de las Madres Agustinas del Amparo, de Palma; y Catarina.

A primeros de agosto de 1741, Barceló, tras recibir órdenes de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, zarpó con su jabeque El León desde el puerto de Palma, llevando a bordo, además de su habitual tripulación, un oficial y veinte y cinco granaderos; la misión encomendada no era otra que la de apresar a la Sainte Marie de la Garde, barco francés que transportaba como pasaje clandestino a dos huidos enamorados: Elisabet Font dels Olors i Penyafort, religiosa del convento de la Misericordia, y a Manuel Bustillos, de veinte y cinco años de edad y casado con una malacitana y teniente del Regimiento de Dragones del Regimiento de Orán .Dos días después, el barco galo fue apresado en la rada de Cartagena; otra hazaña más a engrosar en el curriculum del nauta mallorquín.

A partir del 1 de agosto de 1743 ya era arrendatario, junto a su padre, del servicio de correo marítimo entre Mallorca y parte de la península, percibiendo del Estado 16.000 reales de vellón. Ni que decir tiene, que durante esos viajes tuvo periódicos enfrentamientos con navíos piratas berberiscos.

Una Real Orden de 13 de septiembre de 1748 dispuso que, a cuenta del Rey, se fletaran cuatro jabeques de porte mayor para iniciar una operación de castigo contra corsarios argelinos que sembraban el terror por los mares españoles. Antoni Barceló capitaneó con su embarcación el Sant Crist de Santa Creu debiéndose poner bajo las órdenes directas del capitán de navío Julián de Arriaga, quien lo estaba aguardando en Cartagena; un año después, se disolvió esa escuadra, regresando el marino mallorquín a sus negocios familiares.

El año 1749 fue de penurias, sequía y hambre para la de Mallorca; incluso, al escasear la harina, se tuvo que racionar el consumo de pan. Barceló, por propio peculio, puso rumbo con destino a la Ciudad Condal para allí aprovisionarse de trigo productos derivados. Días más tarde, los isleños le esperaban con ansia su llegada, pero la demora les hizo pensar que su navío había sido capturado por piratas morunos.

El Capità Antoni al ver que la boga iba lenta, comunico a la tripulación que el agua potable de a bordo se había terminado, y si no querían morir de sed, se tenía que llegar pronto al puerto palmesano; la verdad es quien vació el depósito que contenía el vital elemento líquido fue el propio Barceló. Una vez en tierra, y tras desembarcar una carga de cinco mil panes y medio millar de bizcochos, y ser agasajado por sus paisanos, el Comandante General propuso al marques de la Ensenada, valido del Rey, una recompensa para Barceló; el 4 de mayo de ese mismo año era ascendido, sin sueldo, a teniente de fragata.

En junio de 1753, una galeota argelina-turca apresó al jabeque mallorquín Mare de Déu del Roser, cuya tripulación, al mando del patrón Bernat Capó, pudieron huir con un bote. La autoridad competente al tener conocimiento del grave suceso encargó a Barceló el apresamiento de los piratas. Antoni, al mando de su nave el Sant Crist de Santa Creu y auxiliado de otro barco, patroneado por el propio Bernat Capó, avistaron por el puerto de Sóller las dos embarcaciones, la pirata y su presa.

De súbito, los mallorquines abrieron fuego haciendo hundir al Mare de Déu del Roser, algunos piratas lanzados al mar al intentar subir a bordo del Sant Crist de Santa Creu, eran degollados de súbito por manos cristianas. Mientras el Capita Antoni regresa a puerto palmesano, el otro jabeque mallorquín persiguió al resto de los piratas dándole abordaje en aguas de la isla de Cabrera; trece moros fueron hechos prisioneros y ocho se evadieron a nado. Por esta heroicidad de los baleares, el Rey renunció a su parte del botín y nombró a Bernat Capó alférez de Fragata y a Barceló a teniente de navío honorífico.

Estando Barceló, ya conocido y temido por los moros, el 13 de junio de 1756 en travesía, con su jabeque correo, por el litoral del Llobregat, en Cataluña, abordó y capturó un buque otomano causándole la muerte a 57 de ellos, siendo solamente seis los heridos por parte de los atacantes incluyo el mismo. El último día de ese mismo mes, el Rey de España le concedía la efectividad del grado que ostentaba con sueldo de 40 escudos de vellón mensuales y su ingreso en el Cuerpo General de la Armada, estamento privativo solamente para los militares de carrera.

Ya de capitán de fragata, el 28 de junio de 1762, se le concede el mando de los jabeques reales con la misión de luchar contra la piratería en el Mar Mediterráneo. Seis años después, Barceló, resulto herido gravemente en una mejilla en combate con tres naves argelinas. Huelga decir que el mallorquín ganó la lid, y además de obtener un cuantioso botín, hizo cautivos a más de doscientos enemigos, entre los que se hallaba su jefe, el temible Selim; también libertó a un buen número de cristianos que eran destinados a venderlos como esclavos. El 29 de ese mismo año, Barceló es ascendido a capitán de navío con sueldo anual de 12.000 reales.

En los años 1775 y 1783, nuestro personaje dirigió los constantes bombardeos contra Argel, causando grandes bajas entre la población y destruyendo en casi toda su totalidad a la flota agarena. En el 1779, ya siendo brigadier de la Real Arma de España, se le otorga el mando de las fuerzas navales operantes en el bloqueo de Gibraltar, poniendo en práctica, con excelentes resultados, 50 lanchas cañoneras por él diseñadas. Aunque ese cerco al peñón acabo con derrota española, el Rey lo premió con el ascenso a teniente general, con la Cruz de la Orden que lleva su nombre, la de Carlos III, la jefatura de la poderosa escuadra corsaria balear y la franquicia de los barcos de su propiedad y los de su familia.

Ante tanta fama conseguida por el Capità Antoni, el soberano español al quererlo conocer en persona lo citó en la Corte. A solas el rey le preguntó:

___ ¿Qué tal los moros, Barceló?
___ Senyor, ___ respondió el mallorquín___ temiendo el nombre de Vuestra Majestad.
___ No, a quien temen es a ti y el que les obliga a huir raudo; y vete aprisa que ellos vigilan nuestras costas y pueden
saber que estás aquí___replicó el monarca.

Tenía Antoni Barceló setenta y tres años, ya en su ancianidad, y estando retirado en sus posesiones mallorquinas, cuando el 17 de noviembre de 1790, recibió una orden escrita del Secretario Universal de la Marina Real por el cual, el rey Carlos IV le confería el mando de la escuadra naval reunida en Algeciras para partir rumbo al auxilio de Ceuta, plaza española en África puesta en sitio por el sultán de Marruecos; al llegar el mallorquín al puerto algecireño, le comunicaron que se había firmado un tratado de paz con el reino alauita, teniendo que regresar a su ciudad natal dos semanas después; de todas maneras, por escrito, el monarca español le agradecido su celo demostrado.

Antonio Barceló i Pont de la Terra falleció el 30 de enero de 1797 en la misma casa donde ochenta años antes le vio nacer. Hoy en día, en la fachada de ese inmueble, dedicado a un centro escolar de la Orden Teatina, hay una lápida, erigida por el Ayuntamiento de Palma el mismo día renombrarle Hijo Ilustre, cuyo texto dice:

“En esta casa nació y murió el Excmo. Señor
Don Antonio Barceló y Pont de la Terra
Es Capità Antoni
Teniente General de la Marina Española que en
las singladuras de sus naves desveló
la piratería mediterránea y fraguó en la azulada
Infinitud de los mares un poema heroico a la
España inmortal”

El Excmo. Ayuntamiento de Palma al hijo ilustre de la
Ciudad para perdurar memoria de sus virtudes
militares y de sus hazañas gloriosas

XX-I-MCMLXVII

Nuestro héroe, que en vida llegó a tener bajo su mando a más de dos mil hombres y acaudaló una inmensa fortuna, fue enterrado en la capilla, antaño dedicada a San Antonio, por él costeada, en la actualidad bajo advocación del Sagrado Corazón, de la misma iglesia donde fue bautizado, y lugar donde figuran sus armas heráldicas: un navío flotante sobre el mar; un celaje con estrellas de plata, y en la barba, una cabeza de moro con un tajante que le atraviesa.

En el año 1971, la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Mallorca le dedicó un busto en bronce con pena de piedra realizado por Remigia Caubet hallándose ubicada en una zona ajardinada del Paseo Marítimo de Palma.

Permítaseme, amable lector de Atticus, concluir esta reseña histórica de Antonio Barceló i Pont de la Terra, con una cuarteta de uno de los romances, de los muchos, que el pueblo llano le dedicó loando sus hazañas navales al servicio del Rey y de España:

“Si el Rey de España tuviera
cuatro como Barceló,
Gibraltar fuera de España,
que de los ingleses, no”.

josep maria osma

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Josep Maria Osma Bosch

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