CHOPIN Y GEORGE SAND EN MALLORCA por Josep María Osma

A las 11:30 horas de la mañana del 8 de noviembre de 1838, entre los pasajeros que desembarcaban del vapor El Mallorquín se hallaba el músico polaco Fryderyk Chopin

Chopin y Sand Chopin y Sand

Fryderik Franciszck Chopin nació en Zelazowa-Wola, distrito de Varsovia, capital de Polonia, el 20 de febrero de 1810. Fue el hijo del matrimonio formado por Nikolay Chopin (1771-1884), francés y nacionalizado polaco, profesor de piano del conservatorio de Varsovia, y de Tekla Justyna Kryzanowska (1782-1868), perteneciente a la una familia nobiliaria polaca venida a menos.

Chopin, a los ocho años de edad, después de haber estudiado música con Wojciech Zywy (1756-1842), famoso violinista polaco, además de haber dado su primer concierto de piano en público el 24 de febrero de 1818, interpretando el Cocierto en mi menor de Vojetc Jirovec (1763-1850), ya había compuesto tres polonesas y una marcha militar y empezó una gira por las principales ciudades de Polonia. Más adelante, en su adolescencia, cursó estudios en la Escuela Superior de Música de Varsovia donde obtuvo un cum laude al final de sus estudios, viajando por varios países europeos ofreciendo su talento musical.

En octubre de 1831 fijó su residencia en un pequeño apartamento del Boulevard Poissonière de París, rodeándose de personajes ilustres como Franz Liszt (1811-1886), Héctor Berlioz (1803- 1869), Víctor Hugo (1802-1885), Richard Wagner (1813-1883) … En la capital parisina , sus días transcurrían dando clases de piano a las familias burguesas y aristócratas y por las noches deambulaba por lugares de vida poco recomendada; pero, e febrero del año siguiente daba su primer concierto, con obras propias en Francia, obteniendo grandes elogios. En 1836, el compositor polaco celebraba en su casa, junto a Franz Liszt una velada musical; fue allí donde conoció a la escritora George Sand, seudónimo de Amatine Aurore Lucil Dupin, (1804-1876), baronesa de Dudevant, por su matrimonio con el barón François Canmir Dudevant (1795-1871), a pesar de estar comprometido matrimonialmente con María Wodzinski, se enamorá locamente de la literata.

El músico polaco como la literata francesa llegaban a Mallorca buscando la inspiración para poder crear nuevas obras en sus respectivos campos de trabajo pero por incidentes protagonizados por Sand, que se ganó la antipatía de los mallorquines  permanecieron en suelo isleño un trimestre

Dos años después, Sand, propone a Chopin un viaje a Mallorca donde el beneplácito clima isleño sentaría bien a los hijos de ella y que también sería saludable para él, ya que había tenido algunos vómitos de sangre que le obligaron a guardar cama en varias ocasiones; de niño, el músico había padecido algunos síntomas similares, causa que le llevaría a ser visitado por la parca siendo todavía joven y en pleno auge compositor.

A las 11:30 horas de la mañana del 8 de noviembre de 1838, entre los pasajeros que desembarcaban del vapor El Mallorquín, en el puerto de Palma, se hallaban un grupo formado por Fryderyk Chopin, músico polaco de salud precaria, su compañera sentimental George Sand, dos hijos de ésta, Maurice (1823-1889) y Solange (1828-1899), y Amelie, una ayuda de cámara. Tanto el músico polaco como la literata francesa llegaban a Mallorca buscando la inspiración para poder crear nuevas obras en sus respectivos campos de trabajo, teniendo previsto su regreso al continente para el verano próximo; pero, por motivos como la aceleración de la enfermedad de Chopin, y sobretodo por incidentes protagonizados por Sand, que se ganó la antipatía de los mallorquines, únicamente permanecieron en suelo isleño un trimestre. La casualidad hizo que al tercer día la llegada de Chopin a Mallorca el Capitán General Pedro Villacampa y Maza de Lizana (1776-1854), declaró el estado de guerra en toda la isla, permaneciendo la población bajo autoridad militar. El motivo de ese bando fue por unos rumores de haber visto partidas de gente armada cometiendo actos delictivos, cuya autoría se le daba , a los que en esos momentos eran calificados enemigos de España y de su reina Isabel II, los carlistas. Permítanseme, amables seguidores de Baleares Universal Magazine, recordar que en esos momentos en que Chopin piso tierra mallorquina, España estaba inmersa en una guerra civil, la primera de las cuatro, mal llamadas “carlistas”, ya que en ellas participaron los partidarios de la reina Isabel II (1830-1904) y de su tío paterno y pretendiente a la Corona Carlos Isidro de Borbón (1788-1855).

Tras permanecer unos días en un inmueble situado en la calle del Mar y con la ayuda del matrimonio formado por Bazile Canut y Hélène Choussat, familia de banqueros oriunda de Francia, establecida en la isla desde finales del siglo XVIII huyendo de la revolución que en esos momentos se producía en su país y que finalizó con la monarquía de los Capetos, se trasladaron a la posessió de Son Vent, en Establiments, a unos cinco kilómetros de Palma,en el punto kilométrico 1´3 de la carretera de Establiments a Puigpunyent, disfrutando de paz, bondad del clima y una hermosa naturaleza, pero, una tuberculosis detectada por dos médicos mallorquines, Arabí y Fiol en el músico, hecho que hizo que el dueño de la finca, de apellido Gómez , los sacó del lugar, e incluso les obligó a pagar el mobiliario, que sería quemados por miedo a un contagio , ello motivó un nuevo cambio de residencia.

Lápida conmerativa en la calle del Mar

Lápida conmerativa en la calle del Mar

Decir que en esta finca típica de la ruralía mallorquina, en la cual hay varias lapidas dedicadas a este ilustre personaje, el 29 de abril de 1993, su propietario, el Estado español, la cedió al Govern de Ses Illes Balears, quién a su vez, y perdón por la redundancia, la cedió a la familia real española, par su disfrute, por 99 años.

La nueva morada de Chopin y de su grupo de acompañantes, se ejecutó el 15 de diciembre en una celda de la Real Cartuja de Jesús Nazareno, en Valldemossa, exclaustrada el 12 de agosto de tres años antes por la Ley de Demortización de Juan de Dios Álvarez Mendizábal ( 1790-1853) . Este cenobio fue fundado por el rey Martín de Aragón (1356-1410), cediendo parte de la fortaleza real que había pertenecido a los reyes de Mallorca. La pequeña localidad de la Serra de Tramuntana de Mallorca, es uno de los lugares de más alto índice de humedad y pluviosidad de Mallorca, lo que hizo agravar la enfermedad respiratoria del compositor polaco. Además, la presencia de la escritora gala, de talante liberal, vestida a lo masculino y fumadora empedernida de cigarros en público, y algún que otro altercado que tuvo con los lugareños, hizo que su estancia en el pequeño pueblo de la Serra de Tramontana, cuyos habitantes de esa época, miembros de la más rancia payesía mallorquina, de costumbres rígidas y de fuerte catolicismo, se convirtiera en una situación verdaderamente insostenible. Eso motivó que los cinco extranjeros abandonaran la cartuja y embarcaran en dirección a Barcelona el 13 de febrero de 1839. Antes de embarcar, Chopin sufrió una fuerte hemorragia; a bordo del barco, el mismo que los llevó a Mallorca, fueron alojados en la más mala estancia de a bordo y acompañados de una piara de cerdos., incluso el capitá de El Mallorquín quiso quemar los muebles que transportaban. Al llegar a la Ciudad Condal, el músico fue atendido por el médico de la fragata de guerra francesa Le Méleagre; en dicha ciudad permanecieron durante una semana hasta que embarcaron el buque, también de bandera francesa, Le Fenice, donde pudieron disfrutar de un cómodo camarote rumbo a Marsella. Este episodio lo narra la propia George Sand en su libros Un Hivern à Majorque Historie de ma vie, ambos publicados por vez primera en París, respectivamente en 1841 y 1855.

En 1930, el sacerdote y compositor musical mallorquín, Joan Maria Thomàs Sabater (1896-1966), fundó el Comité pró Chopin en Mallorca

Durante los días que Chopin permaneció en Mallorca, su producción creativa fue inmensa; compuso varias mazurcas, polonesas, 21 nocturnos, 3 sonatas, 26 preludios, 15 valses, 4 baladas… De sus 24 preludios, es decir, unas piezas muy breves, compuestos, o terminados en su celda cartujana, son de dos conceptos, unos alegres, el llamado, nº 15, por él mismo la Gota de Agua, inspirada en la lluvia que constantemente caía sobre el tejado de su aposento, y otros melancólicos, como es el caso del nº 2 en la que se inspira en los espectros de unos monjes cartujos deambulando por el monasterio. También en tierra mallorquina formó la Polonesa en do menor op.40 y la Mazurka en mi menor op.41. Curioso es el periplo que sufrió su piano embarcado el 1 de diciembre en Marsella y llegado a sus manos, tras permanecer dos semanas en las aduanas de Palma y abonar los derechos de de tasas de 300 francos, una cuarta parte de lo exigido por las autoridades portuarias. Al no querer llevarse tanta carga en su partida de la isla, el instrumento de teclado, que hoy en día se exhibe en la Cartuja valldemossina, fue adquirido por los Canut, siendo sus herederos los actuales propietarios.

Vista general de Valldemossa

Vista general de Valldemossa

Chopin, en esas semanas invernales, en su celda, la nº 2, aunque hay quines afirman que fue la nº 4, que por cierto, sobre ello hay abierto un proceso judicial para determinar cuál fue la que habitó, mantuvo una cotidiana correspondencia epistolar con sus amistades de Francia. En esas cartas, las dirigidas a Juli Fontana, de Paris, comentaba a cerca de Valldemosa: “Estoy en el país más bello del mundo; soy un hombre mejor. Tienes que imaginarme así: entre el mar y las montañas en una gran cartuja abandonada, alojado en una celda que tiene las puertas más grandes que las mayores cocheras de París. Imagíname sin guantes blancos, con los cabellos sin rizar, pálido como de costumbre. Las obras de Bach, mis manuscritos, mis notas y algunos otros papeles, he aquí todo lo que poseo. Impera una calma absoluta; se puede gritar muy fuerte sin que nadie pueda oírte. En una palabra, te escribo desde un lugar muy extraño…La divina Naturaleza, ciertamente, es muy bella; pero para disfrutar de ella sería preciso no tener trato con los hombres, ni nada que ver con el correo, ni con los caminos”.

A media noche del 17 de octubre de 1849, tras una década de grandes éxitos en conciertos, de estrenos de sus obras y de innumerables composiciones nuevas, y haberse separado sentimentalmente de George Sand, al estar avanzada su tuberculosis, y haber tenido los cuidados de su hermana Ludvica (1807-) , que se había trasladado desde Polonia, fue su primera maestra de piano y con la cual había llegado a ejecutar duetos para piano a cuatros manos, fallecía en su domicilio parisino de de la Place Vendôme. En su testamento dispuso que durante su funeral, celebrado en la parisina iglesia de Sainte-Marie-Madeleine, se interpretaran algunos de sus preludios y el Requiem de Mozart y durante su entierro, en el también parisino cementerio de Père-Lachaise, la Marcha Fúnebre de su Sonata Op.35; además, otra de sus últimas voluntades fue que depositasen su corazón en la iglesia de Santa Cruz en Varsovia.

En 1930, el sacerdote y compositor musical mallorquín, Joan Maria Thomàs Sabater (1896-1966), fundó el Comité pró Chopin en Mallorca; esta institución, entre los figuraban personajes de todas las artes como Joaquín Turina (1847-1903), Manuel de Falla (1876-1946), Maurice Ravel ( 1875-1937), Pau Casals (1876-1973),Ernesto Halffer (1905-1989), Alfred Cortot (1877-1962), Igor Stravinski (1882-1971), etcétera; su principal objetivo era enaltecer y dar a conocer la figura del músico polaco durante su estancia en la mayor isla de las Baleares. Año tras año, desde el momento de su creación, se viene organizando el Festival Chopin en la Real Cartuja de Valldemossa, donde compositores y músicos de primera línea mundial interpretan sus obras, entre las cuales que destacan las que realizó durante su trimestre en la mayor de las islas del Archipiélago Balear.

Sería interminable describir en estas páginas todas las obras que Chopin compuso en vida; entre las cuales, y a modo de simple ejemplo, citar a dos conciertos para piano y orquesta; diecisiete polonesas; veinte nocturnos; cincuenta y una mazurcas; veintisiete preludios; cuatro baladas; diez y nueve valses; cuatro scherzos; tres sonatas; tres rondós; tres iprontus… además fue el primer compositor en usar los pulgares de sus manos sobre las teclas negras de un piano, creado una nueva técnica e el campo musical clásico.

Además de los innumerables homenajes que en Valldemossa se le han dedicado, la capital balear, es decir, Palma de Mallorca, el 5 de diciembre de 1998 le erigió un busto en un plaza, que a partir de ese momento llevaría la nomenclatura suya, y a poco distancia del hostal donde durmieron por primera vez en la mayor de las islas de las Baleares, hostería situada en la calle del Mar, donde recientemente el Ajuntament de Palma ha descubierto una lápida con una inscripción conmemorativa de ese histórico episodio del inicio del trimestre mallorquín de Fryderik Franciszek Chopin.

Josep Maria Osma Bosch

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josepdemallorques@gmail.com

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