EL AYER DE LA CUARESMA MALLORQUINA por Josep Osma

Estofado de Bacalao de Cuaresma

Con el tradicional Entierro de la Sardina, se han dado por finalizados unos días de este mediado mes de febrero donde nuestras calles han sido protagonistas de desfiles carnavalescos donde el personal de turno con sus disfraces individuales o en comparsas han disfrutado de momentos lúdicos, los cuales, una vez concluidos han dado paso, y siguiendo al calendario, a la Cuaresma, en mallorquín Corema, palabra que deriva del latín quadrugesiman diem, haciendo alusión al periodo de tiempo de los cuarenta días con sus cuarenta noches que según el Evangelio de San Mateo en su 4, 1-11, pasó Jesucristo solitario en el desierto en ayuno total.

Hace algunos años, no tantos, la Liturgia Católica prohibía, y creo sigue haciéndolo aunque no se lleve a la práctica, consumir carne, embutidos o cualquier producto alimenticio que contuviera en uno de sus ingredientes la manteca de cerdo, como nuestra endémica y mundialmente conocida ensaïmada, desde el inicio del tiempo cuaresmal, es decir, del Miércoles de Ceniza, hasta su fin, el Domingo de Ramos, aunque como en todos casos y como bien reza el ancestral refrán ” el que hace la ley hace la trampa”, el estamento eclesiástico anulaba esa prohibición mediante la emisión de una bula de forma personal a cambio de una cantidad de dinero que variaba según la condición social de la persona que lo solicitaba; como curiosidad, permítaseme decir que esas bulas en los años cuarenta del pasado siglo se podían adquirir por unas veinticinco pesetas.

ensaimada horno santocristo palma

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En Mallorca, sobre todo en su zona rural se ponía mucho celo en ese precepto religioso del cual solamente estaban dispensadas de no cumplirlo las personas enfermas, las que desarrollaban la banda un trabajo de gran esfuerzo físico, las que eran menores de 21 años y mayores de 60, las mujeres embarazadas y a punto de dar a luz.

En esa misma zona de la payesía mallorquina era costumbre un dia antes de la prohibición de ingerir cárnico hacer una limpieza a fondo del menaje de cocina para evitar cualquier resto de grasa animal. La leche de oveja y de cabra esos días se le daba a beber al ganado porcino. Los embutidos se guardaban bajo cerradura de varias llaves, y las madres, ante la más mínima duda de que sus hijos a hurtadillas hubieran accedido a la despensa, lo hacía escupir, y si su saliva era rojiza, señal inequívoca de haber comida sobrassada, llonganissa o saïm vermell (manteca roja) ; si la saliva era negra, lo consumido clandestinamente era botifarró o camaiot.

Estando ya en plena Cuaresma, concretamente en su primer domingo, la mayoría de entidades ciudadanas como las culturales, políticas y sindicales, las cuales no estaban ligadas a la Iglesia, celebraban en sus respectivas sedes sociales el Diumenge de Pinyata. En Palma eran famosos esos eventos lúdicos los que concurrían en la Asistencia Palmesana, La Protectora, Veloz Sport Balear, La Veda y la del aristocrático Círculo Mallorquín, hoy sede del Parlament Balear.

Era una jornada festiva que, por celebrarse en un período cuaresmal, era muy mal vista por el sector más católico de la ciudadanía. Uno de los jolgorios que se desarrollaban ese día dominical, eso sí, siempre cubriéndose el rostro con una máscara, era romper a base de garrotazos una olla de barro repleta de toda clase de dulces la cual estaba colgada al techo del salón principal de la sede social de la entidad.

El colofón de ese sarao se ponía ya al anochecer y era la actividad mas participativa consintiendo en poner dos cestas, una para solteros y otra para casados, solamente para hombres, y en cada una de ellas unas citas anudadas a objetos pertenecientes a damas, y ni que decir tiene que, el caballero tenía que bailar con la propietaria del objeto escogido.

Otra de las costumbres cuaresmales desparecidas en Mallorca, y que hoy en día está en fase de recuperación, Sa Jaia Serrada.

Se trata de una figura de mujer anciana y de rostro grotesco, nariz grande, vestida a lo payesa, recortada en papel, madera o cartón y portando en su mano derecha un bacalao y verduras, y en su mano izquierda una parrilla, llevando colgado sobre su cuelo un enorme rosario.

Sa Jaia Serrada

Sa Jaia Serrada

 

La peculiaridad de ese personaje es que tiene siete pies pequeños y otros sendos dientes, ambos representan las siete semanas que consta la Cuaresma y a los cuales se cortaban uno cada domingo. A los veinte días se la aserraba por la mitad, significando que la Cuaresma ya estaba la primera mitad transcurrida. Solía estar colgada en la pared de la cocina y los pequeños de la casa, si querían comer carne en esos días prohibidos de hacerlo, se les amenazaba diciéndoles: “Si menges carn, sa Jaia Serrada vindrà i se t´endurà”, es decir, “Si comes carne la Jaia Serra vendrá y te llevará”.

Hasta bien entrado el pasado siglo XX, en la céntrica plaza palmesana de Cort, se montaba un escenario donde, ante multitud de público, se aserraba una especie de maniquí vestido de Sa Jaia Serrada. Desde hace unas tres décadas, en la localidad de Porreres, durante el cuarto domingo de Cuaresma, tiene lugar Sa Mascarada d´es jai Carnal i de sa jaia Corema, un juicio popular que juzga por malas costumbres a esos dos personajes, aunque sea entre ambos enemigos acérrimos, los cuales son representados por dos monigotes rellenos de retales textiles viejos y de paja, son condenados a muerte siendo el personaje de Sa Jaia aserrada por la cintura.

Las primeras representaciones gráficas de esa figura cuaresmal femenina las podemos hallar a finales del siglo XVII. A principios del siglo XX, Mossèn Antoni Maria Alcover i Sureda (1862-1932), canónigo y erudito de las letras mallorquinas, la describe de esta forma: “Sa Jaia Serrada era una velleta de paper, cartró o fusta pintada, que representava la Corema, molt flaca, amb bacallà a una mà i un manat de pastanagons a l´altra, amb set cames i set dents, que representaven las set setmanes dels temps de la Corema (…)”, cuya traducción al castellano: “Sa Jaia Serrada era una viejecita de papel, cartón o madera pintada, que representaba a la Cuaresma, muy delgada, con un bacalao en una mano y un manojo de zanahoritas en la otra, con siete piernas y dientes, que representaban las siete semanas del tiempo de Cuaresma (…)”.

josep maria osma

josep maria osma

Quiero finalizar este artículo dedicado a las desparecidas tradiciones cuaresmales mallorquinas, con un poema escrito con el más puro y ancestral mallorquín obra de Sebastià Alzamora bajo el pseudónimo de “Mestre Grinos” y editado en la desaparecida revista L´Ignorància en la Cuaresma del año 1884, y al que se hace referencia a ese tiempo de abstinencia de carne donde el pescado, las verduras, las aceitunas, las alcaparras, las leguminosas, las hortalizas, los caracoles, los frutos secos, los panes, los higos… eran los alimentos cotidianos en esos días previos a la Semana Santa:

Arengades, bacallà,
olives i carrabassa,
bledes, arrop I melassa
mettles, tàperes I pa;
cames-roges I safrà,
alls, cebes de tota classe,
bastina de tota raça,
peix d´escata si n´hi ha;
caragols sense esmocà,
asglans, figues seques, panses.
¡Vat aquí ses varies dances
qu´ara mos toca ballar!

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