EL JUICIO DE DIOS DE SUREDA Y VALSECA por Josep María Osma

En el año 1442, se celebró en Ciutat de Mallorca un torneo entre caballeros con borne, es decir, sin muerte, por puro deporte

Juicio de Dios entre Sureda y Valseca.jp

Según el Nobiliario Mallorquín, de Joaquín María Bover de Rosselló, Pág. 383, Imprenta de Pedro José Gelabert, Palma, año 1850, el apellido Sureda se introduce en Mallorca en el año 1231 cuando Arnald Sureda, fue unos de los nobles catalanes que se pusieron a las órdenes del rey Jaume I para reducir a los moros almohades que todavía quedaban en resistencia por las zonas montañosas mallorquinas, y en premio a sus servicios recibió varias porciones de la comarca de Manacor. De este apellido, cuyo escudo de armas es un alcornoque arrancado, en su color, en campo de oro, llevando sobre su cimera una jaula de hurón, a lo largo de su historia en nuestra Isla, ha dado personajes destacados en varios campos: militar, civil, eclesiástico, jurídico, literario… También se le concedieron privilegios regios y varios títulos nobiliarios como la baronía de Sant Martí de Alanzell, predio situado a poca distancia al sur de Vilafranca de Bonany; señoríos feudales de Petra, Maria, Boscana, Alcudiarrom, Mianes; marquesados de Vilafranca, y de Vivot…

En el año 1442, se celebró en Ciutat de Mallorca un torneo entre caballeros con borne, es decir, sin muerte, por puro deporte, donde los caballeros contendientes pretendían demostrar su destreza y valentía. En ese que tratamos lidiaba un noble catalán, Francesc de Valseca, famoso en esa clase de disputas. En un momento de receso de la muestra armada, Salvador Sureda i Safont, de la más alta estirpe mallorquina, se mofó del catalán, quien por llevar su visera calada no pudo oír la injuria del mallorquín, siendo informado de la misma por unos amigos. Días después, ya estando en la Ciutat Comtal, Valseca, queriendo defenderse de esa ofensa, envió al Sureda, mediante uno de sus servidores, una nota retándole. Por su parte, Salvador Sureda, aceptó el desafío y solicitó al rey Alfonso V el Magnánimo fecha y campo de duelo; el monarca dictaminó que la contienda de desagravio se celebraría no más tardar en dos años en Nápoles.

Casal de Ca´n Sureda

Casal de Ca´n Sureda

Llegó el día señalado para el torneo, el 4 de enero de 1444. La ciudad napolitana estaba muy concurrida, nadie, de ninguna escala social, se quería perder el combate entre el mallorquín y el catalán; las crónicas nos hablan de más de 20.000 asistentes. El reto tenía a lugar en la plaza Cucorada , aledaños del castillo Castel Nuovo o Maschio Angioino, fortaleza que Guillem Sagrera (1380- 1456) restauró entre los años 1447 a 1454; recordemos, y pido perdón a los lectores de Baleares Universal Magazine por salirme de unas líneas del motivo de este artículo, que este felanitxer fue el constructor de innumerables obras civiles y religiosas como de ,en Palma, Sa Llotja, parte de la estatuaria del Portal del Mirador de la Seu, cruz de termino de la Porta de Santa Catarina, iglesia de Nostra Senyora de Gràcia, anexa a la del Socors, de los PP. Agustinos; en Perpinyà, reforma de la catedral de Sant Joan; restauración de la torre de La catedral románica de Elna… A mediados del mes de noviembre de 1554, Sagrera, estando en Nápoles, fallece a los setenta años y le es dada sepultura en la catedral de esa misma urbe a los pies del volcán Vesubio.

En ese tipo de luchas a caballo, que solían ser escenificadas con toda clase de pompa, los contendientes, además de portar su escudo de armas, debían de adoptar un signo para la ocasión. Salvador Sureda Safont se hizo propio la divisa de una hurona, en mallorquín furera, una jaula para guardar hurones usada por los cazadores de conejos y liebres, acompañada del lema Dins éslo qu´il pren, traducido al castellano “Dentro está quien lo coje”; por su parte, el bravucón caballero catalán, prefirió como símbolo una tórtola y la indicación Visc o mor amb tu, es decir, “Vivo o muero contigo”, en honor a Maria Soledat de Montcada, su esposa.

Castel Nuovo de Nápoles

Castel Nuovo de Nápoles

Cuando se iba producirse el primer impacto de sus lanzas, el rey Alfonso el Magnánimo, al ver la valentía de esos dos caballeros, les ordeno detener el combate, quienes aceptaron la orden regia; pero, nuestro paisano objetó que él era el retado y no hablaría primero con su contrincante, y que también no sería quien se apearía primero de la montura. De forma inesperada, el príncipe Juan, estrechó la mano de ambos terminándose la disputa sin afectar al reglamento y honor de la Caballería. Por su parte, el monarca aragonés le arengó que cultivasen una buena amistad y que se besasen. Salvador Sureda, sólo pisar de nuevo tierra mallorquina, depositó en la capilla catedralicia de Sant Sebastianet, situada al lado de la Epístola, parte de su dotación bélica personal que había utilizado en la mencionada jornada napolitana.

Nuestro aguerrido ancestro paisano sirvió, a su costa personal armando navíos y contrata de hombres y armas, a los reyes de la Corona de Aragón Alfonso el Magnánimo (1396-1458), Juan II (1398-1479) y Fernando II (1452-1516) ; por estos servicios prestados a la Corona, ocupó varios cargos en el Reino de Mallorca y fue ministro del Sacro Supremo Consejo de Aragón; falleció, octogenario, el 6 de noviembre del año 1495; al no tener descendencia con el matrimonio con Beatriu Desbac, sus heredades pasaron a sus sobrinos, hijos de su hermano Pau.

Ca´n pinós

Ca´n pinós

En el año 1645, uno de sus descendientes, Francesc Sureda de Sant Martí, hizo construir el soberbio casal situado en el actual número 15 de la palmesana Rambla, el antiguo cauce del torrente de Sa Riera, inmueble conocido como de Can Pinós, por haber estado desposado con Josepa de Pinós; hoy en día, este nobiliario inmueble, dedicado a oficinas y negocios comerciales, pertenece a los herederos del conde de Solterra, los Sarriera, familia entroncada con los Sureda a principios del siglo XIX. En el patio, en uno de los arcos rebajados que soportan unas columnas de piedra pulida rosada, se pueden ver el escudo heráldico de los Sureda y al lado del mismo, esculpida, la divisa y el lema de aquel histórico día de Nápoles.

josep maria osma

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