HISTORIA Y LEYENDAS DE LA ISLA DE CABRERA

Su nombre se debe a la gran cantidad de cabras montesas que pudieron ver los talayóticos, fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y piratas berberiscos que la pisaron

Cabrera

El archipiélago de Cabrera, declarado Parque Marítimo-Terrestre el 29 de abril de 1991, Ley 14/ 91 (B.O.E., nº 103, 30 de abril de 1991), se halla situado al sur de Mallorca separado por un estrecho de 10 Km del Cap de Ses Salines ya 12 de la Colonia de Sant Jordi. Es una prolongación de la sierra de Levante emergente del mar, y está compuesto por un grupo de 18 islas e islotes, los cuales fueron visitados por civilizaciones de la antigüedad como es el caso de Sa Conillera, islote que según un texto erróneo transcrito por el escritor, científico, militar y naturalista romano Gayo Plinio Cecilio Segundo, conocido como Plinio el Viejo, fue el lugar de nacimiento del gran caudillo cartaginés Aníbal Barca; otras islas e islotes son Na Foradada, de Ses Bledes, Na Redona, de Ses Rates, Es Estels, S´Imperial, d´es Fonoll, Na Pobre, Na Plana… y la mayor de todo el conjunto y que da el nombre al archipiélago:  Cabrera.

Todo el archipiélago de forma administrativa pertenece al término municipal de Palma de Mallorca, al distrito de Santa Catalina, y eclesiásticamente a la parroquia de Santa Creu.

La isla de Cabrera tiene una longitud de 7 km., 5 km. de ancha, ocupa la mayor parte terrestre de todo el archipiélago, siendo la elevación más alta la de Na Picamosques de 172 metros sobre el nivel del mar.

Posee una rica fauna aérea, terrestre, marina y vegetación con especies endémicas como: el halcón Eleonor ( Falco eleonorae), halcón peregrino ( Falco peregrinus), águila pescadora ( Pandion hailaetus), gaviota patiamarilla (Larus michahelis), pardela cenicienta ( Calonectris diomedea), cormorán moñudo ( Phalacrcorax aristotelis), pardela balear ( Puffinus mauretanicus),jilguero ( Carduelis carduelis), verderón común ( Carduelis chloris)…; conejo ( Orytolagus cuniculus), rata negra ( Rattus rattus), erizo moruno ( Atelerix algirus), murciélago rabudo ( Taradidateniotis), cabra ( Capra aegagrus hircus), lagartija negra balear ((Podarcis llifordis kuligas)…; tortuga láud ( Dermochelys coriácea), foca monje ( Monachus monachus), delfín ( Delphinidae ), lubina ( Dicentrarchus labrax), congrio ( Congridae ), dentón (Dentex dentex), langosta ( Parinuris elephas), dorada ( Sparus aurata)…; astrálago ( Astralagus balearicus ), hipérico ( Hypericum balearicum ), boj ( Buxus baleárica ), pino carrasca ( Pinus halepensis ), sabinar ( Juniperus phoenicea ), cebolla albarrana (Urginea marítima )…

Su nombre se debe a la gran cantidad de cabras montesas que pudieron ver los talayóticos, fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y piratas berberiscos que la pisaron. Su primer propietario, tras la conquista feudal a las Baleares del rey Jaime I de Aragón en 1229, fue Ferrari de San Martín, pavorde de Tarragona. En el siglo XV, debido a los frecuentes ataques de piratas berberiscos a la isla, se construyó el castillo con la misión de vigilar la entrada a la bahía.

Castillo de cabrera

Castillo de cabrera

A finales del siglo XIX, Cabrera perteneció a la familia Feliu explotándola agrícolamente con viñedos y cereales; en ella murió Jacinto Feliu Ferrà de la Mola heredándola su hijo, Sebastián Feliu i Fons. En 1916, el Estado la expropió por 362.148 pesetas de la época aludiendo las constantes visitas que realizaban barcos de las diferentes naciones que combatían en la I Guerra Mundial, para su vigilancia se instaló un pequeño destacamento militar. El archipiélago de Cabrera fue hasta hace poco campo de maniobras bélicas, de las cuales, en algunas ocasiones durante los años que estuve en el Ejército fui parte participante.

Muchas son las historias y leyendas que se cuentan de la isla, aunque a modo particular, son tres las que siempre me han llamado la atención y de las cuales he investigado y algún artículo he escrito de ellas.

Una es la presencia pirata y corsaria que durante años navegaron y asentaron por su suelo; otra es la del piloto alemán Johannes Bockker que se estrelló cerca de la costa con su Me-109 tras ser abatido el 1 de marzo de 1944 por un caza británico; se recuperó su cadáver y lo enterraron en el pequeño cementerio de la isla a lado de un pescador mallorquín ahogado por las cercanías, y se cuenta que el fantasma del aviador se aparecía por las noches en la guarnición militar; un día, una delegación alemana exhumo sus restos trasladándolos con honores al cementerio germano de Cuacos de Yuste (Cáceres), camposanto donde se hallan sepultado muchos de los alemanes caídos durante la Guerra Civil de España de 1936-39, aunque curiosamente, y de forma errónea, quien se dio entierro en ese cementerio cacereño fue el del pescador, y el espíritu de Bockker sigue deambulado por las noches de la isla. Pero, la historia más trágica de Cabrera es la que a continuación tendremos conocimiento.

Cementerio de Cabrera.jp

Cementerio de Cabrera.jp

El 19 de julio de ese mismo año, durante la Guerra de la Independencia, en Bailén, provincia de Jaén, el Ejército de Andalucía, 30.000 hombres, cuyo mando lo ostentaba el Capitán General Francisco Javier Castaños Aragori Urioste Olavide, derrotaba al 2º Cuerpo de la Gironda, unos 20.000 efectivos mandados por el General de División Pierre-Antoine Dupont de L´Etang; esa batalla, la primera perdida por los franceses en suelo hispano y el abandono de Madrid de José I, rey impuesto por Napoleón Bonaparte, su hermano, dio un balance por parte derrotada de 2.200 muertos, 400 heridos y 18.400 prisioneros, por la española, 240 muertos y 740 heridos. Dos días después, en Andújar, localidad cercana al campo de batalla, se firmaron las capitulaciones de la rendición. En una de esas clausulas se exponía que esos miles de franceses capturados serían repatriados para intercambiarlos con prisioneros españoles, y mientras se realizaban los protocolos, serían trasladados a pie hasta Cádiz.

Esa marcha pedestre fue un autentico calvario para ellos, sufriendo palizas, insultos en las poblaciones andaluzas que cruzaban, llegando a morir muchos de ellos a manos de aquellos, sin que la guarnición que la guarnición hispano-británica que los custodiaba hiciera nada para evitarlo.

El 10 de agosto, ya estando en la ciudad gaditana, las autoridades, viendo que era imposible alojarlos en las cárceles locales y que no había suficientes barcos disponibles para su transporte, decidieron enviar a Francia a los oficiales de más alta graduación, los cuales, una vez en su país padecían la desaprobación de su emperador, Napoleón, por su cobarde rendición ante el enemigo siendo expulsados del Ejército Imperial, desposeídos de sus títulos nobiliarios, confiscados sus bienes, y algunos terminaron sus días en presidio, como el propio Dupont; el resto de los apresados, y oficiales menores, suboficiales, cabos y soldados, se les confinó en pontones, es decir, navíos fuera de servicio y desarbolados, en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, situación que hizo que la gran multitud estuviera hacinada y pronto empezaron los fallecimientos por causa de falta de higiene, sanidad y mala y escasa alimentación, está documentado que cada día se producían de 30 a 40 muertes.

Las negociaciones del intercambio quedaron paralizadas; fue entonces cuando el Consejo de Defensa Nacional y los aliados británicos optaron por enviar un grupo de 4.000 a las Islas Canarias, estos fueron los que les tocó mejor suerte, ya que fueron bien acogidos y se integraron de lleno entre la población nativa. El 9 de abril, los restantes prisioneros que todavía permanecían en los pontones fueron embarcados en una flota compuesta por enviar 14 navíos españoles y 3 británicos optaron, creyendo los cautivos que pronto estarían en sus hogares, aunque todo lo contrario. Veintiún días después, habiendo transcurrido una flota pésima travesía, la flota fondeaba en la bahía De Palma llevando a bordo 4.750 prisioneros entre los que había algunas mujeres, una de ellas había parido durante el viaje. La oficialidad fue recluida en el castillo de Bellver, fortaleza donde perduran los grafitis escritos piropos ellos; los suboficiales y tropa serían desembarcados en la isla de Cabrera, un islote yermo, con escasa agua potable y sin posibilidad de evasión, esa porción de tierra en medio del mar se convertía en el primer campo de concentración en la historia europea.

Según lo acordado en la Junta Provincial de Mallorca, cada prisionero debería de recibir al día una libra de pan y un puñado de habas, pero paulatinamente el suministro fue menguando hasta darse por finalizado. El agua potable también dejó de llegar debido que un grupo de cautivos asaltase al buque-cisterna, hecho que hizo que el capitán del navío se negase a prestar más ese servicio. El hambre hacía estragos entre la población reclusa, muchos murieron por ingerir plantas y bultos no aptos para el consumo humano, como la citada anteriormente cebolla albarrana (Urigenea marítima); con el agua de mar cocían sus ropas bebiéndose el caldo resultante. Hubo casos de canibalismo que se castigaron con la muerte; también hubo casos que se volvieron locos arrojándose por los acantilados perdiendo la vida al golpearse con las rocas.

En el año 1814, una vez finalizada la Guerra de la Independencia y haber regresado a España Fernando VII, los 3.600 prisioneros supervivientes de Cabrera fueron repatriados y recibidos sin honores en su país; se calcula que durante los cinco años que la isla tuvo la función de presidió su población reclusa fue entre seis mil y nueve mil personas. En 1847, una escuadra de la Armada de Francia, al mando de Françoise Ferdinand Philippe Luis d’Orleans, príncipe de Joinville, erigió en la Serrano del Miga de la isla un monumento en memoria de sus compatriotas que allí vivieron en condiciones infrahumanas y muchos de ellos dejan sus vidas.

El monumento es un obelisco realizado con piedra de Santanyní (Mallorca), de 7,23 m. de altura, esta rematado por una cruz de hierro, protegido por una verja del mismo metal, tiene en su base una cripta donde hay infinidad de restos óseos de los prisioneros, y en su parte frontal se lee la inscripción:

josepmariaosma

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“A la memoire des Françoise à Cabrera”.

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