LA MALLORCA TEMPLARIA

“El caballero debe ser amador del bien común; porque por comunidad de gentes fue constituida la caballería; y porque el bien común es mayor y más necesario que el bien particular” Libro de la Orden de Caballería, Beato Ramon Llull(1232-1315)

Fortaleza-del-Temple-en-Palma-de-Mallorca Fortaleza-del-Temple-en-Palma-de-Mallorca

Tarragona a finales del año de Nuestro Señor Jesucristo de 1228. Pere Martell, un acaudalado cómitre de navíos y experto en cuestiones navales barcelonés, en un banquete fastuoso ofrecido por el mismo al joven rey Jaume I de Aragón, conde Barcelona y Señor de Montpellier, denunciaba la crítica situación que padecía el comercio marítimo por el Mar Mediterráneo con abordajes de piratas moros de Mayûrqa.

En este banquete, y en las cortes celebradas en Barcelona el 28 de diciembre de ese mismo año, presididas por el monarca aragonés, y no catalán, y que estaban también concurridas por los estamentos de la nobleza, clero y burguesía, donde se decidió la invasión de Mayûrqa, la mayor de las islas orientales del Al-Andalus, de presencia de los al-muwahhidum (almohades) gobernada por el walî (gobernador) Abû Yahyâ Muhammad ibn `Alî ibn ´Abî ´Imrâm al. Tinmmlâli; en esos plenos, la Orden del Temple no tuvo presencia física, pero sí estuvo presente el 28 de agosto del año siguiente en la misma ciudad de Tarragona, donde se firmaron los protocolos de esa invasión isleña.

En la misma reunión, Bernat de Campanyer, comendador templario de Miravet (Tarragona),según nos relata Bernat Desclot, uno de los cuatro grandes cronistas medievales en el capítulo XXII de su Crònica, escrita entre 1283 y 1288, n el momento de firmar el compromiso de ayuda ofrecido por la Orden del temple a la invasión de Mayûrqa, se dirigió al monarca, que como bien sabemos, los templarios fueron sus tutores durante su infancia y adolescencia, preparándolo para ser un monarca sinárquico, en la encomienda oscense de Monzón, con estas palabras: “Senyor En Rei, més són hòmens de religió, e són tetuts en orde per servir Déu e per defrendre a Mallorques o lla o anar vullats sobre sarraïns, que nós irem amb Vós amb .XXX. cavallers e amb .XX. Ballesters a cavall ben aparellats de bons cavalls e d´armes e de tot ço que meterhagen, e manarem de bons sirvents qui seran bons en terra en e mar e escuders e altra companya”.

El 5 de septiembre de 1229, un ejército feudal al mando del rey Jaume I, de tan sólo veinte y un años de edad, compuesto por aragoneses, occitanos, navarros, castellanos, flamencos, galos, y de los condados de Barcelona, Besalú, Pallars, Ampuries, Urgell… es decir, lo que hoy conocemos como Catalunya, embarcaban en los puertos de Salou, Cambrils y Tarragona a bordo de 25 grandes barcos, 18 taridas y un centenar de embarcaciones auxiliares, con un total de 20.000 hombres, entre los cuales se hallaba una representación de la Orden del Temple, la única fuerza militar disciplinada y jerarquizada de las participantes en la expedición.

Meses después, al alba del 31 de diciembre de ese mismo año, festividad de Santa Coloma y de San Silvestre, el rey Jaume I entraba victorioso en la Madîna Mayûrqa, una ciudad que, según palabras del joven monarca aragonés al verla por primera vez desde la Serra de Porto Pi, dijo: “E anam-nos-en poc a poc tro a la Serra de Porto Pi, e vim Mallorques, e sembla ´ns la plus bella vila que anc haguésem vist, jo ni aquells qui ab nós eren”, una urbe, que hasta ese momento histórico de su invasión había sido una de las más prosperas, cultas y fortificadas de todos los territorios de Sharq Al-Andalus.

Durante la campaña bélica, los templarios siempre estuvieron en vanguardia y en los lugares donde la lucha contra los moros mallorquines era más peligrosa; el propio rey Jaume en su Llibre dels Feits, cita varios de sus templarios que le acompañaron: Hug de Fullalque, Berenguer d´Anglesola, Blasco de Massa, Pere de Moncada, Jofre de Rocaberti, Guillem d´Ulmis, Bernat de Sant Joan, Dalmau Desfar, Marimón de Plegamans, Tomàs de Llupià, Pere Marquet, Pere de Tagamanent, Ramon Serra, Bernat Champans, Perelló de Pacs, Pere Rava, Ramon Bacó…
En el año 1232, tras haberse consolidada la conquista total de Mayûrqa, el rey Jaume I, mediante el Llibre del Repartiment o Llibre del Rei, procedió al reparto de la isla a los señores feudales y clero participantes en la invasión según lo aportado por ellos por los protocolos firmados en el “Pacte de Tarragona” el 28 de agosto de 1228. De las ocho partes que se dividió Mallorca, el monarca aragonés se quedó con cuatro.

La Orden del temple, del lote de la parte real, obtuvieron 525 cavalleries (Cavalleria, unidad de repartimiento que corresponde en teoría a la superficie necesaria para que se pueda mantener un caballero y su feudo; se tenían que recoger tras la cosecha diez cestas de trigo), y con la obligación de tener perpetuamente cuatro caballos armados para la defensa del nuevo reino; innumerables molinos, rafales, alquerías de las actuales localidades y predios de Inca, S´Aranjassa, Selva, Caimari, Montuïri, Petra, Alcúdia, Menut, Mortix, Escorca, Pina, Binifaldo, Sóller, Esporles, Randa, Sa Pobla, Pollença… Además, de forma paulatina fueron adquiriendo muchas propiedades, bien fueran por donaciones, trueques o compras, llegando a gerenciar el cuatro por ciento del suelo insular mallorquín y ser en importancia la segunda encomienda de la Corona de Aragón, aunque fue en la capital de Mallorca, Pollença y Escorca donde centralizaron su poder. Sus posesiones en la parte rural las dividieron en pequeñas porciones, las cuales las cedían a cambio de una renta anual, bien fuera de carácter adinerado o en especie, y por supuesto, en ambos casos se reservaban el dominio directo.

En Ciutat de Mallorques, hoy en día Palma de Mallorca, los templarios recibieron del rey 365 inmuebles, más de medio centenar de talleres y hornos, y el lugar donde establecieron su encomienda, la Almudaina de Gumâra, más tarde conocida como el Castillo del Temple. Se trataba de una fortificación perteneciente al tercer recinto amurallado y situada en la parte oriental de la ex Madîna Mayûrqa, construida en el tramo final de la época de los reinos de Taifa, es decir, entre 1087 y 1115. Su fábrica era casi de forma cuadrangular, de unos 95 m. por lado. Estaba defendida por doce torres, hoy solamente dos visibles, estando una de ellas cegada en el interior de unos edificios en la parte norte del recinto; en su parte exterior se hallaba la puerta de muralla conocida en tiempos árabes como la Bâb Gumâra, una salida de la ciudad que comunicaba con la zona de levante de la isla y con el puerto, también propiedad del Temple, actualmente conocido como Es Portixol, y antaño, en esa época de denominación musulmana como Al-Monetir. Los templarios, nuevos inquilinos de esa vetusta fortaleza, construyeron en su interior un templo de estilo románico, de nave única, de tres tramos, cubierta con vueltas de crucería, con capillas laterales de poca profundidad, soportando tribunas enmarcadas por pilastras.

En esta fortaleza fue donde el rey Jaume I encargó a los templarios que custodiaran gran parte del botín producto del saqueo de la ciudad durante su invasión. Una vez abolida la Orden del Temple en 1313, pasó a manos de la Orden del Hospital de San Juan de Jerusalén y de Rodas, actualmente denominada la Orden de Malta, que dicho sea de paso, no intervinieron en la campaña bélica de 1229. A mitad del siglo XVI, el recinto es utilizado como sede provisional de la Santa Inquisición, y dos centurias después, tras una somera reforma bajo planos del ingeniero militar Martín de Gainza y Exagüe, fue destinada a acuartelamiento de tropas. En el año 1801 fue adquirida por el Estado y fragmentada para reconvertirla en viviendas. En el año 2005 fue declarada Bien de Interés cultural siendo en la actualidad propiedad del Ajuntament de Palma y se halla en fase de restauración.

Pocos son los vestigios de los templarios en la capital balear que han llegado a nuestros días; uno de ellos es el retablo que se exhibe en el Museu de Mallorca y que era utilizado como puerta de sagrario en la capilla del Temple en Ciutat de Mallorca; es de estilo gótico, fechado a finales del siglo XIII, y cuya autoría es de mano anónima, viéndose en él varias pradelas representando episodios de la vida de San Bernardo de Claraval, abad cisterciense y redactor de las Reglas del Temple, y en una de ellas, la de la parte superior izquierda, a mi parecer la más iniciática y significativa, se observa el momento cuando Bernardo de Claraval, guía espiritual redactor de las reglas del Temple, recibe la leche del pecho de la Virgen negra gala de Saint-Vorles. Orta huella que podemos ver en Palma de Mallorca del Temple, es en Dalt de Murada, entre la Catedral y la Plaza Llorenç Villalonga, un plafón cerámico cuya leyenda nos recuerda que en ese lugar, hace años donde se hallaban los famoso hornos de vidrio de Ca´n Guardiola, pertenenció a la Orden.

Timpano-de-la-puerta-principal-de-la-iglesia-parroquial-Pollença

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Pollença, en el noroeste de Mallorca, en las estribaciones de la Serra de Tramuntana, y con un estratégico puerto de mar, los templarios establecieron una lugar tenencia donde recibio, en el reparto de la isla, una gran cantidad de posesiones, a las cuales fueron aumentando en sus contornos a medida que pasaban los años, bien fueran por adquisiciones propias, dos de nuevos postulantes en sus filas, herencías o usurpaciones. Esta villa, sobre las ruinas de un templo greco-romano, fundaron la parroquia de Nostrum Senyora dels Àngels, templo que fue derribado para construir sobre sus cimientos el actual, datado en el año 1790.

A poca distancia de núcleo urbano, a 123 m. sobre el nivel del mar, se halla el Puig del Calvari, también conocido como del Temple y de Ses Forques (Las Horcas), lugar donde los freires del hábito albo y cruz bermeja cumplían las sentencias a muerte de los reos, ya que en esa zona tenían la potestad de impartir y cumplir justicia civil, criminal y eclárabe áticosEn escorca, antiguo distrito almohade de Al-Yibal (La Montaña), la Orden del Temple tambien recibió gran cantidad de terreno.

En un predio de ese vasto territorio, en la alquería de Al-Luc, vocablo árabe que proviene del latín Lucus, es decir, “bosque sagrado”, fundaron un santuario, hoy en día centro espiritual católico de Malkorca,donde se venera la talla de una virgen negra bajo la advocación de Nos rea Senyora de Lluc, hallada por un ermitaño y un joven esclavo árabe en 1240, talla que en su tocado lleva la inscripción en latín Nigra sum, sed formosa, cuya traducción seria “Soy negra pero hermosa”, frase tomada del libro Cantar de los cantares del rey Salomón.; el Niño Jesús que sostiene en su brazo izquierdo lleva un libro abierto en cuyas páginas se leen las letras griegas Alfa y Omega. Después de ser abolido el Temple, y ya siendo sus propietarios los hospitalarios, se fundó una enigmática obrería que pasó a regir el santuario y sus posesiones. En estos lares, donde se hallan las elevaciones montañosas más altas de la isla, son frecuentes los restos arqueológicos talayóticos, romanos, árabes, medievales y centros de gran poder telúrico.

La Corona mallorquina, al ser aniquilado el Temple en el año 1323, se quedó con su enorme patrimonio insular, pero el rey Sanxo I de Mallorca llegó a un acuerdo con el pontífice traspasando ese patrimonio templario a la Orden de Hospital de San Juan de Jerusalén y de Rodas a cambio de una renta anual de nueve mil sueldo barceloneses, y un único pago de veinte y dos mil quinientos sueldos mallorquines, con el añadido que los Hospitalarios de San Juan y de Rodas se comprometieran a realizar las funciones de apoyo militar en el Reino de Mallorca que hasta entonces habían sido ejecutadas por los templarios.

josep maria osma

josep maria osma

Durante la presencia de la Orden del Templo en suelo mallorquin, fueron sus comendadores: Ramon Bacó (1230), Anarld de Cursarval (1234), Dalmaci de Fonollar (1240), Pere Daguer (1252), Pere d’Agramunt (1253), Pere Sanç (1254), Garcia Sanxo (1258), Pere de Montpalau (1260), Ramon Desbac (1262), Ramon de Bastida (1270), Bernard de Rocamora (1274), Bernard de Montoliu (1279), Arnald de Torrella (1284), Ramon Bel-loch (1290), Guillem de Abeyllarç (1294), Ramon de Miravalls (1298), Bernard Desfons (1299), Pere de Sanjust (1300), y de nuevo, y ultimo, Bernardo Desfons(1313).

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